Fazendo Género es un seminario internacional que se realiza en la Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC), Brasil, en colaboración con el Centro de Ciencias Humanas y Educación de la Universidade do Estado de Santa Catarina (UDESC)Su décima edición tuvo lugar del 16 al 20 de septiembre del 2013 y contó con la presencia de Sarah Schulman (escritora, historiadora y activista lesbiana) para su conferencia de cierre.

Comentan quienes asistieron al cierre de este evento que la ponencia de Schulman, que tuvo lugar en un clima festivo, luego de la entrega de premios y condecoraciones, tuvo un efecto disruptivo, generando incomodidades, silencios y el abandono del auditorio por parte de ciertos sectores de la militancia LGBTIQ.

¿Qué fue aquello que molestó tanto? La autora presentó en su conferencia el artículo “Queers Who Punish and The Challenge of Feminism” (Queers que castigan y los desafíos del feminismo), con el que pretendía dar cuenta de las transformaciones dentro del colectivo queer/LGBT y su relación con el feminismo.

En éste, Schulman señala un creciente alejamiento del “feminismo” y un acercamiento al nacionalismo, junto a una manipulación de la política del miedo[1]Según el filósofo Slavoj Žižek, la política del miedo es la forma característica que toma la política en la configuración sociopolítica actual conocida como biopolítica pospolítica. Hace referencia a un tipo de política que dice dejar atrás las luchas ideológicas y centrarse en una administración especializada y socialmente objetiva, cuya función principal es la regulación de la seguridad y el bienestar de la vida humana y que utiliza al medio (al otro, al inmigrante, al depravado, al exceso, a la catástrofe) como principio movilizador fundamental y base de la subjetividad.
La biopolítica pospolítica tiene dos aspectos principales y en apariencia contradictorios: la reducción de los humanos a la nudavida, al Homo Sacer, un sujeto sagrado pero excluido de derechos; y el respeto por la vulnerabilidad del otro llevada al extremo, caracterizando al yo como vulnerable y expuesto a acosos potenciales. El autor sostiene que estos dos polos, a primera vista antagónicos, comparten “la vida en sí misma” como único objetivo en la vida de las personas, rechazando cualquier “causa mayor”. En esta configuración, el otro aparece siempre como “demasiado cerca”, sin importar la distancia física. Se busca abolir la dimensión del prójimo, despojarlo de su categoría de sujeto y que se transforme en un mero objeto – que se vuelva tolerable siempre y cuando haya sido previamente despojado del objeto de su goce. Según el autor, es la desintegración de los muros simbólicos de protección, que mantienen a los demás a una distancia segura, lo que provoca el miedo a la sobreproximidad del otro como un sujeto de deseo. Ésta es la relación con lo excluido específica de la política contemporánea, viendo al otro como un “intruso traumático”, cuyo modo de goce (materializado en prácticas y rituales sociales) destruye nuestro equilibrio, nos molesta, y puede provocar en nosotros una reacción violenta que tenga como objetivo deshacernos de él. Es así que la actitud de comprensión y tolerancia hacia el otro se complementa con la actitud de apartarse de su camino.
Ver Žižek, S. (2009). ¡Teme a tu vecino como a ti mismo! En Sobre la violencia (pp 55-92). Barcelona: Paidós.
. Resumiendo, con el paso de los movimientos de lucha por la “Liberación Gay” a los movimientos por los “Derechos Gay”, con la crisis del SIDA y la consecuente visibilización masiva de la homosexualidad en el papel central, comenzó un acceso selectivo a la equidad, constreñido por factores como el género, la clase y la raza. De esta forma, una parte de la comunidad lgbt posee el acceso a ciertos derechos y a aparatos de Estado que permiten ejercer violencia sobre los miembros de la comunidad queer que siguen marginados y estigmatizados – los pobres, los indigentes, las personas de color. La autora señala que la forma más común en la que estas personas privilegiadas ejercen la violencia es a través de la ciudadanía queer, la criminalización del VIH y las políticas pro-familia.

En estas tres arenas: la ciudadanía, las familias promovidas por el gobierno y la criminalización del VIH, los que quedan afuera se convierten en los nuevos queer, los nuevos amenazados, el nuevo objeto abyecto sobre el cual acordamos en proyectar, y quien es ahora vulnerable al estado y por la familia queer –que no se siente ya amenazada por el estado– y que ahora se identifica con el estado. Por el ciudadano queer que quiere proteger su supremacía racial, por el queer VIH negativo que no quiere tener la responsabilidad de comunicarse, por la familia queer que no quiere rendirle cuentas a otros. Entonces, como el Estado, ellos se sienten en peligro en parte por esta nueva experiencia de dominación — el “miedo” realzado (es decir, el desdén) por el otro.

Sentirse amenazado no es lo mismo que estar amenazado. Los sentimientos sin justificación son un privilegio de la dominación. Sólo los que rehúyen no tienen que justificar. El rehuir los libera de la demanda de ser responsables. Son las personas que reciben el castigo quienes son culpadas de todo. De este modo, como una familia se siente puede ser más importante que la verdad. El estado se siente amenazado, la familia se siente amenazada. El ciudadano se siente amenazado. El VIH negativo se siente amenazado. Ellos usan una retórica basada en la “violencia” cuando no hay violencia. Al mismo tiempo, muchas personas en nuestra comunidad viven con violencia real, pero no tienen ningún aparato.[2]Schulman, S. (2013). Queers que castigan. p. 14.
Disponible aquí. (Traducción por Nayla Vacarezza de la cátedra “Identidades, Discursos Sociales y Técnologías de Género”, Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires).

Howard S. Becker postula en su obra Outsiders que la desviación es creada por los grupos sociales al establecer las normas cuya infracción constituye la desviación propiamente dicha y al aplicar esas normas en personas particulares, etiquetándolas como marginales. Y es justamente el compartir ese rótulo lo que tienen en común esas personas, que buscan refugio dentro del grupo de iguales estigmatizados o potencialmente estigmatizables.

¿Qué queda de esa subcultura desviada cuando la norma se emblandece y algunos ganan acceso, aunque sea parcialmente o en apariencia, al sector que puede señalar con el dedo y ejercer la coerción? Sin estigma en común, se pierde el grupo y se ve cómo aquél que fue asimilado debe ejercer la violencia contra aquél que aún posee tantas otra cualidades dignas de ser señaladas. Los sistemas no funcionan sin un excluido, siempre debe haber algo abyecto para poder definirlos.

En un mundo que parece afirmarse cada vez más post-todo, la comunidad sigue sufriendo ataques y pérdidas por doquier. Sin minimizar todas las pérdidas que se sufren día a día en territorios hostiles donde la homosexualidad sigue pensada con la muerte, el reciente crimen de odio a la discoteca Pulse de Orlando dejó 49 muertos y 53 heridos. Y no cualquier clase de muertos – muertos de la comunidad queer, sí, pero latina, negra, trans y de bajos recursos,

Schulman clama por la reorganización de nuestras alineaciones, para que tomemos el punto de vista de quienes realmente están en peligro y apoyemos no sólo los comportamientos LGBT que nos recuerden a nosotros mismos, sino insistiendo en el “rango completo de las variaciones humanas sin tener que ser personalmente replicados o reafirmados”. ¿Se podrá hacer algo que vaya más allá de los filtros para las fotos de perfil de Facebook con la bandera de arcoiris y listones negros? Ojalá que sí.

   [ + ]

1. Según el filósofo Slavoj Žižek, la política del miedo es la forma característica que toma la política en la configuración sociopolítica actual conocida como biopolítica pospolítica. Hace referencia a un tipo de política que dice dejar atrás las luchas ideológicas y centrarse en una administración especializada y socialmente objetiva, cuya función principal es la regulación de la seguridad y el bienestar de la vida humana y que utiliza al medio (al otro, al inmigrante, al depravado, al exceso, a la catástrofe) como principio movilizador fundamental y base de la subjetividad.
La biopolítica pospolítica tiene dos aspectos principales y en apariencia contradictorios: la reducción de los humanos a la nudavida, al Homo Sacer, un sujeto sagrado pero excluido de derechos; y el respeto por la vulnerabilidad del otro llevada al extremo, caracterizando al yo como vulnerable y expuesto a acosos potenciales. El autor sostiene que estos dos polos, a primera vista antagónicos, comparten “la vida en sí misma” como único objetivo en la vida de las personas, rechazando cualquier “causa mayor”. En esta configuración, el otro aparece siempre como “demasiado cerca”, sin importar la distancia física. Se busca abolir la dimensión del prójimo, despojarlo de su categoría de sujeto y que se transforme en un mero objeto – que se vuelva tolerable siempre y cuando haya sido previamente despojado del objeto de su goce. Según el autor, es la desintegración de los muros simbólicos de protección, que mantienen a los demás a una distancia segura, lo que provoca el miedo a la sobreproximidad del otro como un sujeto de deseo. Ésta es la relación con lo excluido específica de la política contemporánea, viendo al otro como un “intruso traumático”, cuyo modo de goce (materializado en prácticas y rituales sociales) destruye nuestro equilibrio, nos molesta, y puede provocar en nosotros una reacción violenta que tenga como objetivo deshacernos de él. Es así que la actitud de comprensión y tolerancia hacia el otro se complementa con la actitud de apartarse de su camino.
Ver Žižek, S. (2009). ¡Teme a tu vecino como a ti mismo! En Sobre la violencia (pp 55-92). Barcelona: Paidós.
2. Schulman, S. (2013). Queers que castigan. p. 14.
Disponible aquí. (Traducción por Nayla Vacarezza de la cátedra “Identidades, Discursos Sociales y Técnologías de Género”, Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires).

Revival (Portada regular)

Revival (Portada regular)

1. Revival
2. Kill Em With Kindness
3. Hands To Myself
4. Same Old Love
5. Sober
6. Good For You
7. Camouflage
8. Me & the Rhythm
9. Survivors
10. Body Heat
11. Rise

En julio del 2013, Selena Gomez sacó a la venta su primer álbum como solista. En un año con excelente material (ARTPOP de Gaga, Closer to the Truth de Cher, Days Are Gone de HAIM o The Electric Lady de Janelle Monáe), Stars Dance se convirtió, sin lugar a dudas, en mi disco del año.
Fue un LP sin pretensiones, donde el electropop, la EDM y el dubstep se mechaban con el R&B y que estaba lleno de material para darlo todo.

Dos después llega Revival, su primer álbum en Interscope y que fue escrito después de haber cancelado una gira mundial por problemas graves de salud. Se nota mucho la ganas de querer despegarse del material editado en su última discográfica (Hollywood Records, de la que se fue editando un grandes éxitos para poder finalizar su contrato) y la supuesta nueva confianza en sí misma que Selena dice haber encontrado en estos últimos años.
El álbum abre con el tema homónimo que, junto con “Kill Em With Kindness”, tienen toques que parecen haber sido sacados de Speak for Yourself, ese gran álbum de Imogen Heap. Y quizás eso a lo que sus productores apuntaron, considerando que estuvo colaborando con Taylor Swift (BFF de Selenita) en “Clean”, el mejor tema de ese discazo que es 1989.

El resto del disco sigue en esa línea, un pop suave, sensual y tranquilo, en el que Selena parece susurrar más que cantar y que se parece bastante a lo que hacen las indie del momento. La excepción es “Body Heat”, un tema extraño que parece una mezcla de un single de INNA con cualquier tema del verano de Major Lazer.

Se destacan en su versión regular “Hands to Myself”, obra del famoso productor sueco Max Martin; “Good For You”, el single principal que resume a la perfección las intenciones del álbum; y “My & the Rhythm”, mi favorita.

Revival, pese a los contrastes que se pueden marcar con Stars Dance, no deja de ser un disco bastante bueno si aceptamos que no quiere imitar el sonido con el que se venía asociando a Selena, sino que la deja explorar y explotar su voz de otra manera.
Más digno para tomar algo en un bar con luces tenues que para explotar en una pista de baile, se deja disfrutar y creo que es uno de esos materiales que se disfrutan más con el tiempo. Y con una copa en la mano.

Pagans In Vegas

Pagans In Vegas

Tracklist:

  1. “Lie Lie Lie”
  2. “Fortunes”
  3. “The Shade”
  4. “Celebrate”
  5. “Cascades”
  6. “For Kicks”
  7. “Too Bad, So Sad”
  8. “Other Side”
  9. “Blind Valentine”
  10. “The Governess”
  11. “The Face, Part I”
  12. “The Face, Part II”

En 1999, Emily Haines y James Shaw formaron un dúo llamado Mainstream y lanzaron un EP homónimo con canciones downtempo. Ese dúo terminaría convirtiéndose en Metric y, con la llegada de Joshua Winstead y Joules Scott-Key, se convertiría en una de las más conocidas y aclamadas de la escena independiente canadiense.
Con el pasar de los discos, su sonido fue cambiando –  se fue complejizando y, aunque los sintetizadores no fueron dejados de lado, las guitarras fueron ocupando un mayor protagonismo. No es extraño entonces que la crítica le atribuya a la banda los géneros de “New Wave”, “Synthpop” o “Indie Rock”.

Y así llegamos al nuevo álbum de la banda. Teniendo en cuenta que es justamente ese matrimonio entre rock y electrónica lo que hace a la esencia de la banda, sus dos caras, Pagans In Vegas es la primera parte de dos álbumes muy diferentes – éste tiene canciones en las que no se escuchan bajos, guitarras o baterías y el próximo, conocido actualmente como LP7, prescindirá de sintetizadores y electrónicas.

Emily describe a este álbum como “un regalo, una carga, una cápsula del tiempo, un escape, una alarma, una pregunta y una llamada telefónica sin respuesta, ‘dejá el mensaje después del tono”. Haines se refiere a una de las frases más utilizadas en la promoción del disco, “Acompañanos en un viaje hacia atrás hacia el futuro de la música”, que se complementa con la línea gratuita 1-844-66METRIC en la cual, parodiando los infomerciales de la madrugada en los que uno se cuelga cuando ya no hay nada para ver, se pueden escuchar diferentes mensajes sobre todo su trabajo discográfico y el contexto sociohistórico en el que se escribieron.
Y todo termina de encajar, pues Pagans In Vegas es, honestamente, un trabajo que toma lo mejor de Metric y le da una vueltita de tuerca, lo eleva. Un álbum en el que entre los nuevos sonidos se pueden rastrear algunos que nos traen a la mente himnos de la banda, como “Hustle Rose” o “Poster of a Girl”, unidos con bases sacadas de lo mejor de los 80 – no por nada la Banda dice que Depeche Mode, The Cure, Joy Division, New Order y Kraftwerk son los grupos a los que se hace referencia en este álbum.

La canción que funciona como columna vertebral del disco, y que quizás es la más diferente a todo lo que hicieron hasta ahora, es “Cascades”, una preciosura de sintetizadores y vocoder que hipnotiza desde la primera vez que se escucha. Pero en mi opinión, lo mejorcito del disco se encuentra en “Fortunes”, algo parecido a una amalgama de dos canciones completamente diferentes que termina funcionando muy bien y cuyos sintetizadores del final, citando a Emily, provocan un sentimiento que no se puede describir con palabras.

“The Shade”, corte de difusión principal, se reconcilia un poco más con las guitarras y la percusión, pero la veta rockera de la banda se aprecia en “Lie Lie Lie” y “Too Bad, So Sad”, que podrían tranquilamente pertenecer al aclamado Live It Out.

Otras joyitas del disco son “For Kicks”, canción sobre las consecuencias de nuestras acciones que pronostico que será dedicada ante más de un traspiés emocional, “Other Side”, en la que Jimmy toma el rol de voz principal (supuestamente el LP7 va a tener más canciones de este tipo), “Blind Valentine” y “The Governess”, una canción medio-tiempo en la que se escucha el lema oficial del disco: “When there was a wilderness, we wandered wild and free” – mientras el mundo se parece cada vez más a un casino global, a un lugar caótico y ensordecedor donde las luces siempre son demasiado brillantes y todo el mundo quiere ganar a toda costa, seguimos siendo paganos de corazón.

Pagans In Vegas termina con dos temas instrumentales, “The Face Part I” y “The Face Part II”, en los que los sintetizadores y la batería le van dejando progresivamente, con un tono de espera y un mensaje de contestador mediante, el lugar a un sonido ambient que evoca a ese Mainstream EP, cuando la banda todavía no era una banda. ¿Existe una mejor manera de cerrar y sintetizar este “viaje hacia atrás al futuro de la música”? No lo creo.

The Maze Runner

The Maze Runner

Siguiendo con los libros de ciencia ficción “distópica” para jóvenes adultos, hoy voy a hablar sobre The Maze Runner. TMR es la primera parte de (sí, lo adivinaron) una trilogía escrita por James Dashner y cuenta con una adaptación cinematográfica hecha por 20th Century Fox. En un poco más de dos semanas se estrenará en los cines estadounidenses la segunda parte de la saga.

¿Qué es lo primero que puedo decir del libro? Que es malo. La premisa es básica y aburrida – un grupo de muchachos encerrados en un laberinto, desarrollando una suerte de comunidad en el centro del mismo, en la cual cada uno cumple una rol específico. Entre ellos están los runners, quienes se dedican a recorrer el laberinto y tratar de trazar un mapa. ¿La trampa? No hay salida, las paredes cambian de lugar todas las noches y los acechan unas babosas gigantes con brazos mecánicos, sierras y espinas llamadas grievers.

Ninguno de los chicos recuerda su pasado, sólo su nombre. Una vez por mes aparece un chico nuevo por un ascensor y una vez por semana les llegan provisiones. De repente, llega Thomas, quien es, por supuesto, especial – tampoco tiene recuerdos, pero todo le parece familiar y sabe que su meta es ser un Runner. Al día siguiente de su llegada, lo inesperado – llega otro miembro más a la comunidad, pero esta vez, sorpresa, es una chica, quien anuncia, antes de caer en un coma profundo, que todo va a cambiar.

El libro sigue con una trama repetitiva y aburrida. Los personajes son odiosos, hablan con una jerga propia del lugar que es infantil, y me generan tanta empatía como un ladrillo. El autor recurre a alucinaciones, flashbacks, TELEPATÍA y culmina con un Deus ex machina para revelar los aspectos “jugosos” de la trama – todo es un experimento realizado por una asociación llamada WICKED (World In Catastrophe: Killzone Experiment Department) para ver cómo reaccionan los muchachos ante ciertas “variables”, todo en la supuesta búsqueda de la cura para una enfermedad causada por LAS TORMENTAS SOLARES.

Las dos partes más interesantes del libro son el breve desarrollo de la comunidad que crearon los jóvenes encerrados en el laberinto y el recurso final del encuentro con los científicos para explicar un poco mas el porqué de su encierro y sufrimiento. Todo lo que ocurre en el medio, todo el chiste del laberinto, es tedioso, predecible y, honestamente, muy mal ejecutado. Sé cuál es la demográfica del libro, pero eso no es excusa para que algo sea tan malo.

Ahora mismo estoy leyendo la segunda parte de la trilogía, The Scorch Trials, simplemente porque no tengo ganas de leer teoría para la facultad y porque necesito escapar de la rutina con algo sencillo de leer. Llevo un 25% leído (maldigo al Kindle por no saber cuántas páginas tiene un libro o cuántas llevo leídas, no me sirven las posiciones) y hasta ahora ya es más interesante que el primero.  Se desarrolla un poco más la historia del mundo donde transcurren los hechos y siguen los experimentos para encontrar la cura. Los personajes, y sus interacciones, siguen exactamente igual de chatos.

Uno de mis problemas es que si me tomé el tiempo para leer la primera parte de una serie de libros, por mala que sea, tengo que terminarla. Después de todo, me fumé todos los libros de Divergente. No me puedo quedar con la duda, aunque confieso que estoy muy tentado de directamente entrar a la wiki que creó el fandom para saber cómo se resuelve la historia.  Si todavía no leyeron el libro y por algún motivo están interesados, les recomiendo algo mejor – miren la película.

Después de la Tierra Media, de los hechiceros, el mundo mágico y sus criaturas, de los vampiros y los hombres lobo, ha llegado la nueva plaga en la ficción para jóvenes adultos – la ciencia ficción distópica. Parece que todo el mundo y su hermana están escribiendo historias sobre un futuro en el cual, por tal o cual motivo, la humanidad se encuentra esclavizada o estratificada después de alguna suerte de evento apocalíptico de dimensiones globales.

Red Rising

Red Rising

Una de los últimos ruidos de la literatura para jóvenes adultos es la trilogía Red Rising (Amanecer Rojo). Con cientos de miles de ejemplares vendidos y con un acuerdo de siete cifras con Universal para desarrollar sus películas, Pierce Brown ha cosechado decenas de buenas críticas y entrado a la lista de bestsellers del New York Times. Habiéndose publicado dos de sus libros – Red Rising y Golden Son -, se espera el cierre de la trilogía, Morning Star, para el segundo trimestre del 2016.

¿Pero de qué va el libro? (Nota: Como ahora la gente necesita que le aclaren que una reseña usualmente contienen “spoilers”, comento que a continuación se discutirán detalles de la trama). Los críticos lo describen con frases como “La mezcla de Los Juegos del Hambre y Game of Thrones” o “Ender, Katniss y ahora Darrow”. Ni.
La premisa es sencilla – luego de que la Tierra dijera “No más”, la humanidad se ha expandido a lo largo del Sistema Solar y, para poder colonizar, ha dividido a la sociedad en castas modificadas genéticamente. A cada casta le corresponde un color, y cada color representa una función específica en la división social del trabajo. Nuestro protagonista, Darrow, es miembro de los Rojos, mineros del escalón más bajo de la sociedad que viven en colonias bajo la superficie de Marte y que se dedican a extraer el mineral necesario para el proceso de terraformación que, supuestamente, permitirá hacer habitable al planeta.
Luego de una serie de eventos y de la aparición de un grupo terrorista X, el joven descubre que Marte hace rato que se volvió habitable, que el resto de los colores, liderados por los Dorados (fuertes, bellos, rápidos, perfectos, etc, etc, etc), vive entre lujos en ciudades rodeadas por valles, montañas, y bosques. En busca de venganza por la muerte de su esposa, su tarea en el grupo terrorista será infiltrarse entre los líderes de la sociedad y hacerla caer desde adentro. Para eso, atraviesa un proceso de modificación corporal que lo convierte en uno de sus enemigos y entra a la Academia, una suerte de Juegos del Hambre para descubrir y formar política y militarmente a la crème de la crème.

No se engañen – el libro no es una obra maestra. No sé dónde está toda la “estrategia militar” que ven los críticos, porque el libro falla donde lo hacen la mayoría de los dedicados a este género – parece un resumen colgado en Wikipedia. Todo sucede muy rápido, hay pocos detalles o pasa por arte de magia. Hay mucha más casualidad que causalidad. El desarrollo de personajes es ínfimo, las emociones del personaje son chistosas. Los giros argumentales no sorprenden mucho y se ven a kilómetros de distancia.

Los orígenes de esta sociedad y su organización, lo que en mi opinión podría ser lo más rico del libro, se desarrollan muy poco y hay que recurrir a la página oficial del libro para terminar de entender un poco.
Los personajes utilizan distintos sociolectos según el “nivel de sus colores”, estando el más alto plagado de palabras grandilocuentes y referencias constantes a griegos y romanos que parecen sacadas de los sueños de los intelectualoides. Me causan diarrea.

Pero lo peor de todo, lo que más me molestó mientras lo leía, es el nivel de misoginia que hay en el escrito. Los personajes femeninos (salvo el interés amoroso del protagonista, que termina siendo capturada y rescatada, por supuesto, y alguna que otra guerrera) están de relleno, son débiles, torpes y terminan, casi siempre, violadas. Darrow detesta que el “hombre ceda ante sus instintos animales” y termina ejecutando a un violador, pero perdonando a otro para no perder a su ejército.
Además, se repiten constantemente frases que asocian lo femenino con lo débil y lo inútil, y todos los hombres que no se hallan a la altura de las circunstancias son tildados de afeminados. Incluso la risa de un personaje irrita porque es “algo femenina”.
Y considerando que todo está narrado por el protagonista del libro, no estamos frente a una crítica de cómo los Dorados se comportan, porque se mezclan las reflexiones propias con las ajenas (aunque, nobleza obliga, Darrow expresa algunas veces que no sabe si sigue siendo el de siempre o si ya es parte de ellos).
Pero, ¿qué podemos esperar de alguien que pone al Ender’s Game de Orson Scott Card como una de sus inspiraciones?

Red Rising es un libro que sirve para pasar el rato, pero que puede causarles un par de dolores de cabeza. Con el potencial para desarrollar un universo mucho más rico y complejo que el de otras sagas (como Divergente, no la lean), se queda a mitad de camino, al menos en esta primera entrega. Navegando por Goodreads y otros sitios de lectores, me encontré con opiniones parecidas a las mías, pero que comentan que en el segundo libro, la cosa cambia. Aparentemente, el autor se redime y disminuye el nivel de basura patriarcal. Tendré que leerlo para creerlo.